martes, 10 de agosto de 2010
COLETAZOS MESIÁNICOS
Fecha 23 Julio 2010
Raúl Bermúdez Márquez

Cosa curiosa: hasta el Departamento de Estado de los Estados Unidos se pronuncia a favor de una normalización de las relaciones políticas y comerciales entre Colombia y Venezuela. Y lo que parecía improbable se estaba dando: unas declaraciones de respeto y de disposición al diálogo constructivo entre el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos y el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, hacían presagiar que la horrible noche de las tensas relaciones bilaterales daría paso a la claridad esperanzadora del restablecimiento de los lazos fraternales de dos naciones unidas por la historia.
Los empresarios, los ganaderos, los comerciantes, la población fronteriza de ambos países y hasta el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, exteriorizan su preocupación por el deterioro de las relaciones entre Colombia y Venezuela.
El mismo ministro de hacienda, Oscar Iván Zuluaga, decía en Santa Marta hace poco que “el bloqueo a las exportaciones colombianas nos ha costado al menos 1 punto del producto interno bruto”, en un acto donde también admitió que la crisis en las relaciones comerciales con ese país ha perjudicado enormemente la generación de empleo en la frontera. Y es que el balance después de un año de “congelamiento” como lo llama Chávez y de “bloqueo” como lo llama Uribe, no puede ser más lamentable: nuestras exportaciones al mercado venezolano han caído de los 6.000 millones de dólares que alcanzaron en el 2008 a alrededor de 1.000 millones de dólares que sumarán este año. Lo cual se traduce en desempleo, en quiebra de los pequeños y medianos productores y comerciantes de la frontera, en el cierre de empresas y establecimientos comerciales, en tal magnitud que en Cúcuta el 80% tuvo que desistir por la falta de compradores.
Algo similar se registra en Maicao, en la frontera guajira. A pesar de todo, el nuevo escenario de cambio de gobierno en Colombia parecía crear las condiciones para que el vidrio panorámico entre los dos países comenzara a desempañarse. Pero vino el baldado de agua fría arrojado por un gobierno en sus estertores, que no parece resignarse al buen retiro. El actual ministro de Defensa, Gabriel Silva, sacó a la luz pública unos videos y unos mapas como “prueba” de la presencia de comandantes guerrilleros de las FARC y el ELN en campamentos ubicados en territorio venezolano. Como bien lo apunta Daniel Coronel en su columna de Semana, “Uribe sabía de la actividad de las Farc y el ELN en Venezuela desde los albores de su gobierno. Aún así, le pidió a Chávez en 2007 que mediara para un intercambio humanitario. Curiosamente, cuando el entonces ministro de Defensa Santos se atrevió a decir que eso le creaba un gigantesco espacio a Chávez que antes no tenía, fue desautorizado a través de comunicado de la Casa de Nariño por afectar la dirección de las relaciones internacionales de Colombia”. ¿Por qué hasta ahora utiliza esas “pruebas” para llevarlas a una reunión extraordinaria de la OEA? ¿Cuál es el verdadero propósito, si el delegado de Colombia en la OEA, Luis Alfonso Hoyos, se apresura a aclarar que no se busca una condena a Venezuela? Es difícil lanzar alguna hipótesis sobre las intenciones de alguien que como dice José Obdulio posee una “inteligencia superior”. El analista político Alfredo Rangel, uribista confeso, sostiene que “A Uribe se le nota el afán de advertir no solo que él no olvida el tema, sino que su estrategia de confrontación a Chávez es la única posible”. Por eso, está molesto con algunas decisiones de Santos que denotan cierta independencia. Sobre todo en el nombramiento de María Ángela Holguín como nueva canciller. María Ángela es una exembajadora en Venezuela que promovió unas relaciones armónicas con Chávez y de “ñapa” renunció como embajadora en la ONU por no estar de acuerdo con la utilización clientelista de la burocracia diplomática. Son diferencias apenas de estilo; de todas maneras, para contrarrestar estos coletazos mesiánicos, que no serán los últimos, Santos tendrá que recorrer un camino duro para demostrar al país que él es él, y el otro es otro.
raubermar@yahoo.com
Fecha 23 Julio 2010
Raúl Bermúdez Márquez


Cosa curiosa: hasta el Departamento de Estado de los Estados Unidos se pronuncia a favor de una normalización de las relaciones políticas y comerciales entre Colombia y Venezuela. Y lo que parecía improbable se estaba dando: unas declaraciones de respeto y de disposición al diálogo constructivo entre el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos y el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, hacían presagiar que la horrible noche de las tensas relaciones bilaterales daría paso a la claridad esperanzadora del restablecimiento de los lazos fraternales de dos naciones unidas por la historia.
Los empresarios, los ganaderos, los comerciantes, la población fronteriza de ambos países y hasta el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, exteriorizan su preocupación por el deterioro de las relaciones entre Colombia y Venezuela.
El mismo ministro de hacienda, Oscar Iván Zuluaga, decía en Santa Marta hace poco que “el bloqueo a las exportaciones colombianas nos ha costado al menos 1 punto del producto interno bruto”, en un acto donde también admitió que la crisis en las relaciones comerciales con ese país ha perjudicado enormemente la generación de empleo en la frontera. Y es que el balance después de un año de “congelamiento” como lo llama Chávez y de “bloqueo” como lo llama Uribe, no puede ser más lamentable: nuestras exportaciones al mercado venezolano han caído de los 6.000 millones de dólares que alcanzaron en el 2008 a alrededor de 1.000 millones de dólares que sumarán este año. Lo cual se traduce en desempleo, en quiebra de los pequeños y medianos productores y comerciantes de la frontera, en el cierre de empresas y establecimientos comerciales, en tal magnitud que en Cúcuta el 80% tuvo que desistir por la falta de compradores.
Algo similar se registra en Maicao, en la frontera guajira. A pesar de todo, el nuevo escenario de cambio de gobierno en Colombia parecía crear las condiciones para que el vidrio panorámico entre los dos países comenzara a desempañarse. Pero vino el baldado de agua fría arrojado por un gobierno en sus estertores, que no parece resignarse al buen retiro. El actual ministro de Defensa, Gabriel Silva, sacó a la luz pública unos videos y unos mapas como “prueba” de la presencia de comandantes guerrilleros de las FARC y el ELN en campamentos ubicados en territorio venezolano. Como bien lo apunta Daniel Coronel en su columna de Semana, “Uribe sabía de la actividad de las Farc y el ELN en Venezuela desde los albores de su gobierno. Aún así, le pidió a Chávez en 2007 que mediara para un intercambio humanitario. Curiosamente, cuando el entonces ministro de Defensa Santos se atrevió a decir que eso le creaba un gigantesco espacio a Chávez que antes no tenía, fue desautorizado a través de comunicado de la Casa de Nariño por afectar la dirección de las relaciones internacionales de Colombia”. ¿Por qué hasta ahora utiliza esas “pruebas” para llevarlas a una reunión extraordinaria de la OEA? ¿Cuál es el verdadero propósito, si el delegado de Colombia en la OEA, Luis Alfonso Hoyos, se apresura a aclarar que no se busca una condena a Venezuela? Es difícil lanzar alguna hipótesis sobre las intenciones de alguien que como dice José Obdulio posee una “inteligencia superior”. El analista político Alfredo Rangel, uribista confeso, sostiene que “A Uribe se le nota el afán de advertir no solo que él no olvida el tema, sino que su estrategia de confrontación a Chávez es la única posible”. Por eso, está molesto con algunas decisiones de Santos que denotan cierta independencia. Sobre todo en el nombramiento de María Ángela Holguín como nueva canciller. María Ángela es una exembajadora en Venezuela que promovió unas relaciones armónicas con Chávez y de “ñapa” renunció como embajadora en la ONU por no estar de acuerdo con la utilización clientelista de la burocracia diplomática. Son diferencias apenas de estilo; de todas maneras, para contrarrestar estos coletazos mesiánicos, que no serán los últimos, Santos tendrá que recorrer un camino duro para demostrar al país que él es él, y el otro es otro.
raubermar@yahoo.com
viernes, 11 de diciembre de 2009
Copenhague: para que vuelvan las tortugas

Copenhague: para que vuelvan las tortugas
(Publicado en El Pilòn, Valledupar, Cesar, Colombia, 10/12/2009)
(Publicado en El Pilòn, Valledupar, Cesar, Colombia, 10/12/2009)
Raùl Bermùdez Màrquez
Las tortugas determinan su sexo durante el tiempo de gestación en el huevo. Como estos son enterrados en la arena de la playa, el calentamiento global ha ocasionado una seria distorsión en el equilibrio reproductor de la especie: están naciendo más hembras que machos. Si la tendencia no se revierte, la especie transitará de manera indefectible hacia la extinción. Esa es una de las conclusiones de un estudio que se lleva a cabo en el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo. Y el efecto sobre las tortugas, es apenas una pequeña punta del inconmensurable iceberg en que se ha constituido el calentamiento global, cuyo crecimiento amenaza hasta la existencia misma del planeta.
El clima de la Tierra siempre ha cambiado con el tiempo de manera natural. Por ejemplo, la variación en la órbita de nuestro planeta altera su distancia del Sol. Este hecho ha originado los principales periodos glaciares y los periodos intermedios más calientes. Sin embargo, de acuerdo con el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Calentamiento Global (IPCC), hay más de un 90% de probabilidades de que los seres humanos seamos los principales responsables del cambio climático en nuestra era. La causa principal es el uso de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Su combustión incrementa el CO2 presente naturalmente en la atmósfera, lo cual actúa como una capa que atrapa la energía solar y calienta aún más la superficie de la Tierra. La deforestación y otros procesos que emiten otros gases de invernadero también contribuyen.
Aunque el impacto inicial es un incremento de las temperaturas promedio en todo el mundo, el calentamiento global también produce cambios en los patrones de las lluvias, la elevación del nivel de los mares, cambios en la diferencia de la temperatura entre el día y la noche y muchos más. Este complejo grupo de alteraciones ha sido denominado "cambio climático" y otras veces, más exactamente, "cambio climático antropogénico (producido por los humanos)”. Las conversaciones que hoy se llevan a cabo en Copenhague se enmarcan dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático establecida en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992.
En 1997, se firmó el Protocolo de Kioto cuyos alcances resultaron limitados por la negativa a suscribirlo de Estados Unidos y China –los mayores productores mundiales de gases de invernadero-, y su vigencia expira en el 2012. En principio, lo que se busca en Copenhague es la reducción de las emisiones de gases invernadero en cantidad suficiente como para limitar el aumento de la temperatura promedio del mundo a 2ºC. La fecha clave para estos compromisos es 2020, aunque algunos países quieren ir más allá, hasta 2050.
El camino es largo y culebrero. La ruta principal para reducir las emisiones de gases invernadero es evitar la quema de combustibles fósiles. Pero, por regla general, ellos son las fuentes más baratas de energía. Así que es muy posible que un acuerdo exitoso aumente el costo de la energía. ¿Cuánto costará hacer esta transición lo suficientemente rápida como para evitar un cambio climático más drástico? Los países en desarrollo piden cientos de miles de millones de dólares anuales para la mitigación y varios estudios -incluido uno del Banco Mundial- indican que serán necesarios alrededor de US$100.000 millones adicionales por año para ayudar a los países más pobres a adaptarse. Porque los efectos siguen siendo devastadores.
Aquí en Valledupar, solo es necesario dirigir la vista al norte para percatarse que las nieves de la Sierra Nevada ya no brillan majestuosas como hace tres décadas. Y si muere la sierra, muere el Guatapurí, el Badillo, el Ariguaní, el Ranchería y tantas otras fuentes hídricas de la región que se nutren de ella. De lo que se acuerde en Copenhague, pero principalmente de nosotros mismos, depende que vuelvan las tortugas a San Bernardo y que el Guatapurí dentro de 20 años no solo se pueda admirar en hermosas postales o en los cantos inmortales que le compusieron Nicolás Maestre y Fredy Molina, sino en la vida misma. raubermar@yahoo.com.
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